Los insectos son el grupo de animales más abundantes, diversos y dominantes del planeta, hallándose en un sinfín de ambientes diferentes (Ruppert y Barnes, 1996), además, poseen una serie de características que los hace candidatos idóneos para el estudio de las variaciones que ocurren en el medio ambiente. Algunas de estas particularidades son su abundancia, riqueza de especies, ciclo de vida, facilidad de muestreo, así como también su gran sensibilidad frente a las perturbaciones (Ruppert y Barnes, 1996; Pujante, 1997; Vásquez et al., 2006; Consultoría Ambiental DOMUS, 2013).

La presencia de los insectos se registra en una variedad de ambientes, desde terrestres hasta acuáticos, así como también, en los ecosistemas de transición, lo cual ha significado que sean los animales más importantes en cuanto a biomasa, variedad genética e interacciones bióticas en ecosistemas terrestres. Además, su rol en el medioambiente es tal, que poseen una amplia gama de funciones que son imprescindibles para la sostenibilidad del medio, ya que actúan como polinizadores, descomponedores, parásitos, depredadores, entre otros (Bautista et al., 2004; Cordero, 2008). Asimismo, son el grupo taxonómico más rico de la naturaleza, con un poco más de un millón de especies descritas, lo cual representa cerca del 75% de las especies vivientes del planeta (Santamarta, 2002). De este porcentaje, el 40% corresponde al orden Coleóptera, con aproximadamente 360.000 especies identificadas (Britton y Mackerras, 1991).

Imagen 1: Taxonomía de los insectos
Fuente: https://www.ecologiaverde.com/clasificacion-de-los-insectos-2240.html

 

Si bien los insectos pueden afectar las actividades económicas del ser humano, son más las acciones beneficiosas que se les reconoce, ya que cumplen con una amplia gama de funciones en el ambiente, como el de ser parte de las cadenas tróficas, producir una variedad importante de productos naturales, descomponer restos y desechos orgánicos producidos por otros animales, actuar como indicadores biológicos frente a las variaciones climáticas y medioambientales, entre otros. Así, estos organismos son el grupo biológico más idóneo al momento de determinar un ente que permita registrar rápidamente cambios que ocurran en los distintos ecosistemas, sin embargo, debido al calentamiento global, la sobreexplotación de los recursos naturales, la destrucción de los hábitats, la introducción de nuevas especies, entre otros factores, hacen que hoy presenten problemas de conservación a nivel mundial (Briones et al., 2012; Barba et al., 2013).

Imagen 2: Factores que inciden en la sobrevivencia de los insectos.
Fuente:https://es.mongabay.com/2021/03/peligra-la-vida-en-la-tierra-a-causa-de-la-perdida-de-insectos/

 

El concepto de bioindicador, hace referencia a las especies indicadoras, es decir, aquellos organismos (o restos de los mismos) que facilitan el poder descifrar cualquier fenómeno o acontecimiento actual (o pasado) relacionado con el estudio del ambiente. Es importante considerar que toda especie tiene requerimientos físicos, químicos, de estructura de su hábitat como de relaciones con las demás especies; lo que significa que a cada una de ellas les corresponde límites de condiciones ambientales entre los cuales los organismos pueden sobrevivir (límites máximos), crecer (límites intermedios) y reproducirse (límites estrechos). Así, mientras más estoica sea una especie, más estrechos serán sus límites de tolerancia y mayor será su utilidad como indicador ecológico, por consiguiente, las especies que se seleccionen como bioindicadores deben ser, por lo general, abundantes, altamente sensibles frente a cambios que ocurran en el medio donde se encuentren, fáciles y rápidas de identificar, con basta información de ellas (tanto de su ecología como de su ciclo biológico) y con poca movilidad (Moreno et al., 2006).

Para realizarse una mejor idea, McGeoch (1998), propuso clasificar a los insectos potenciales a ser utilizados como bioindicadores en tres categorías, de acuerdo a su uso dentro de los estudios:

  • Indicadores ambientales: son especies fácilmente observables o cuantificables, que responden de forma predecible frente a las perturbaciones o cambios que sucedan en el estado del medio ambiente.
  • Indicadores de biodiversidad: son taxones o grupos funcionales, cuya diversidad refleja algún tipo de medida de la diversidad total (riqueza de especies, número de endemismo) de taxones superiores en un hábitat o grupo de hábitats. También se le puede utilizar como indicadores de riqueza de otros taxones.
  • Indicadores ecológicos: son taxones o comunidades que son sensibles en la identificación de factores de estrés ambiental, que demuestran el efecto de estos factores sobre la biota y cuya respuesta es representativa de la respuesta de al menos una parte de los demás taxones presentes en el hábitat. Estos indicadores proporcionan una imagen global del ecosistema donde viven.

 

Coleópteros

El orden coleoptera es el más numeroso de la tierra, y se presenta en diversos hábitats, explotando diferentes fuentes de alimentación. La mayoría de las especies de coleópteros se caracterizan por tener dos pares de alas. El primero par de alas se encuentran endurecidas y se llaman élitros, los cuales suelen estar unidos a lo largo de la línea media de la zona dorsal del abdomen, mientras que el segundo par de alas es membranoso (Ruppert y Barnes, 1996).

Las especies de este orden son holometábolas, es decir, presentan metamorfosis completa, tienen un ciclo de vida variable (desde una generación en varios años hasta cuatro generaciones al año) (Pedraza, 2008). Y si bien estos insectos inducen directa o indirectamente grandes pérdidas en recursos agrícolas y forestales (Ruppert y Barnes, 1996) debido a su gran abundancia y diversidad ecológica, son mayores los beneficios que las pérdidas que generan, pudiendo ser utilizados como indicadores de biodiversidad (Vergara et al., 2006).

Dentro de los coleópteros exigen sub-clasificaciones, entre los cuales se hallan los coleópteros epigeos, que son aquellos que viven sobre la superficie del suelo, entre la hojarasca, bajo rocas y sobre los arbustos y árboles (Toro et al., 2003).

La potencialidad de los coleópteros como indicadores biológicos no sólo radica en el hecho de su alta sensibilidad frente a los cambios, así como también de su alta representatividad en diversos hábitats, sino que también se debe a su rol ecológico, ya que afectan el crecimiento, contribuyen a la polinización, constituyen una parte de la base alimenticia de otros animales, aportan a la formación de humus y participan activamente en la descomposición de la materia orgánica (Vergara et al., 2006; Cordero, 2008; Pedraza, 2008).

Al encontrarse asociados a formaciones vegetales, cumpliendo distintos roles, presentan rangos de distribución restringidos, a pesar de este hecho y debido a los escasos estudios que se han realizado en el país, en términos de conservación, estos insectos debieran ser clasificados como inadecuadamente conocidos (Elgueta, 2000 mencionada en Vergara et al., 2006). Pese a ello, se reconoce que a nivel nacional están representados por 97 familias, 1.287 géneros y 4.226 especies, que corresponden al 30% de especies descritas, aunque estas cifras han variado en los últimos años (Vergara et al., 2006; Briones et al., 2012).

 

Bibliografía

Barba, R.; Lanza, G.; Contreras, A.; y González, I. 2013. Insectos acuáticos indicadores de calidad del agua en México: casos de estudio, ríos Copalita, Zimatán y Coyula, Oaxaca. Revista Mexicana de biodiversidad 84(1): 381-383.

Bautista, F.; Delfín, H.; Palacio, J. y Delgado, M. 2004. Técnicas de muestreo para manejadores de recursos naturales. México, D.C. Universidad Nacional Autónoma de México. Consejo Nacional de Ciencias y Tecnología. Instituto Nacional de Ecología. 509 p.

Briones, R.; Gárate, F.; y Jerez, V. 2012. Insectos de Chile nativos, introducidos y con problemas de conservación. Guía de campo. Ed. Corporación Chilena de la Madera, Concepción, Chile. 132 pp.

Britton, E. y Mackerras, I. 1991. The insects of Australia: A textbook for students and research workers. New York, USA. Melbourne University Press. 1138 p. Calderón, J.; Moreno, C. y Zuria, I. 2012. La diversidad beta: medio siglo de avance. Revista Mexicana de Biodiversidad 83:879-891.

Consultoría Ambiental DOMUS. 2013. Evaluación de Impacto Ambiental para la Perforación de Ocho Pozos Exploratorios y Programa de Adquisición Sísmica 3D en el Lote 76. Vol. II, Cap. 2.0. SubCap. 2.7. Insectos. Rev. 30 agosto 2021 en: http://minem.gob.pe/minem/archivos/SubCap_2_7_Insectos_VF05.pdf?mpeplwqqnhmpvqe p.

Cordero, A. 2008. Composición de los gremios de artrópodos en sistemas vegetales monoespecíficos y poliespecíficos de trébol blanco (Trifolium repens L.) y ballica italiana (Lolium multiflorum Lam). Memoria Licenciado en Agronomía, Facultad de Ciencias Agrarias. Universidad Austral de Chile, Valdivia, Chile. 77 p.

Elgueta, M. 2000. Coleoptera de Chile. En: Martín-Piera F, J Morrone & A Melic (eds) Hacia un proyecto Ciencia y Tecnología para el Desarrollo (CYTED) para el inventario y estimación de la diversidad entomológica en Iberoamérica: 145-154. PRIBES-2000, Sociedad Entomológica Aragonesa (SEA), Zaragoza I.

McGeoch, M.A., 1998. The selection, testing and application of terrestrial insects as bioindicators. Biological Revue 73: 181-201.

Moreno, J.; Patarroyo, N.; y Rodríguez, H. 2006. La importancia del uso de los indicadores biológicos en los estudios de impacto ambiental. Memoria Ingeniería Ambiental. Escuela de Ingeniería Química, Universidad Industrial de Santander, Bogotá, Colombia. 134 p

Pedraza, M. 2008. Fauna de coleópteros (Insecta: Coleoptera) capturados con trampas de intercepción de vuelo en Tlanchinol, Hidalgo, México. Memoria Licenciado en Biología. Universidad Autónoma del Estado de Hidalgo, México, D.C. 113 p.

Pujante, A. 1997. Los artrópodos como bioindicadores de la calidad de las aguas. Los artrópodos y el hombre. Boletín de la Sociedad Entomológica Aragonesa (20):277-284.

Ruppert, E.; y Barnes, R. 1996. Zoología de Invertebrados. México, D.C. Mc Graw Hill. Interamericana. Sexta Edición. 1114 p.

Santamarta, J. 2002. La crisis de la biodiversidad. World Watch 30:39-43

Toro, H.; Chiappa, E.; y Tobar, C. 2003. Biología de insectos. Valparaíso, Chile. Ediciones Universitarias, Universidad Católica de Valparaíso. 42 p

Vásquez, G.; Castro, G.; González, I.; Pérez, R.; y Castro, T. 2006. Bioindicadores como herramientas para determinar la calidad del agua. Revista Contactos 60:41-48.

Vergara, O.; Jerez, V.; y Parra, L. 2006. Diversidad y patrones de distribución de coleópteros en la Región del Bíobío, Chile: una aproximación preliminar para la conservación de la diversidad. Revista Chilena de Historia Natural 79:369-388.

 

 

Share This