1. Introducción a los servicios ecosistémicos de los bosques

Antes de explicar los servicios ecosistémicos se hace necesario revisar algunos conceptos relevantes, con el objetivo de mostrar el contexto global en el que funciona un sistema forestal, debemos primero considerar los ecosistemas de aguas interiores. Aunque estos son representados por las denominadas “zonas húmedas”, incluyen varios tipos de sitios (ver cuadro 1) y presentan una alta complejidad de componentes y de elementos que le otorgan ciertas “características ecológicas” particulares (cuadro 1).

Estos aspectos distintivos entregan al ecosistema la capacidad de suministrar numerosos “servicios” (definición en Cuadro 1) que son utilizados por el ser humano, tales como, los alimentos, el hábitat y la recreación, entre otros. Este ecosistema permite, en ciertas condiciones, el establecimiento de sistemas específicos (y únicos) de vegetación, como marismas o turberas, e incluso ciertos tipos bosques adaptados como los pantanos. Pero, uno de los servicios más importantes es la disponibilidad de agua. Este servicio es responsable, en gran parte del suministro de agua para el consumo de la población mundial.

Sin embargo, la variabilidad de este servicio eco-sistémico no depende únicamente del funcionamiento de las zonas húmedas. Frecuentemente podemos encontrar la influencia del hombre, por sus diferentes actividades de explotación directa o indirecta. Pero también encontramos la influencia de otros ecosistemas, como los bosques, que pueden reducir la disponibilidad de agua o mejorar su calidad. Dichas interacciones tienen lugar a niveles muy específicos y en condiciones muy particulares, por lo que para comprenderlas se hace necesario conocer estas condiciones y el medio en el que se desarrollan.

1.1 Los ecosistemas forestales y las tierras forestales

El bosque es uno de los ecosistemas terrestres más importantes sobre la Tierra que provee de servicios fundamentales para el ser humano, como el ciclo de nutrientes, la protección del suelo, la conservación de la biodiversidad, la regulación del clima y el suministro de agua (Núñez et al. 2006). Es así uno de los sistemas ecológicos más complejos donde podemos encontrar distintos componentes como suelo, clima, flora, fauna, agua, microorganismos, etc. que interactúan a distintos niveles (físicos, químicos y biológicos)  a fin de mantener estos servicios.

1.2. Las funciones y servicios de los ecosistemas.

La necesidad de una evaluación detallada de los bienes y servicios se deriva tanto de la complejidad natural del funcionamiento de los ecosistemas forestales y las aguas continentales como de la interacción con la gestión humana. Para poder realizarlo, es necesario “traducir” esta complejidad ecológica (estructuras y procesos) en un número más limitado de funciones del ecosistema (De Groot et al 2002). (Cuadro 2).

Por ejemplo, Boyd & Banzhaf (2007) consideran los servicios ecosistémicos como un producto final y los distinguen de los componentes intermediarios y de los beneficios. Lo cual permite evaluar el servicio de mejoramiento de la calidad del agua generada por el bosque, pero deberíamos excluir los beneficios resultantes de la gestión del hombre sobre dichos bosques, lo cual puede conducir a una sub-estimación del valor total económico del servicio evaluado. Con la clasificación de Wallace (2007), los beneficios provenientes del mejoramiento de la calidad del agua gracias a la acción del bosque no corresponde a un servicio ecosistémico, puesto que no es considerado como un proceso para producir un bien: el agua potable. Por su parte MEA presenta una clasificación más universal y que nos permite describir los vínculos, procesos e interacciones entre el bosque y el agua a nivel ecológico, y también tomar en cuenta la influencia de la gestión del hombre.

Así el consumo de agua del bosque (precipitaciones) y de los nutrientes proporcionados por la tierra dan lugar a la transformación en biomasa (crecimiento), y por ende de productos como la madera, PFNM, asimilables a servicios de suministro (MEA, 2003). Al mismo tiempo, los bosques o plantaciones proporciona otros servicios que no son considerados por el mercado: los servicios de regulación del aire o de la erosión, los servicios de soporte como la formación de suelo o la fotosíntesis, y los servicios culturales (según la definición de MEA, 2003) tales como el paisaje o el patrimonio (Cuadro 3). Los distintos componentes del ecosistema interactúan para entregarle un funcionamiento particular. Así el bosque puede influir sobre la cantidad y calidad de las aguas y, por consecuencia, sobre los servicios de suministro. No obstante, esta influencia del bosque en el agua también induce a que ciertas prácticas de manejo forestal o usos muy intensivos de la tierra, puedan conducir a un mal funcionamiento del ecosistema al reducir la capacidad de respuesta natural o disminuyendo los componentes que contribuyen a la provisión del servicio.

2. Relación entre bosque y agua

“El agua es un elemento esencial para la producción de madera: si está disponible, es un factor de fertilidad, si es un déficit, es un factor de estrés, y si está en exceso, se transforma en una limitante de estabilidad o de anoxia. De manera que el agua aliemta al bosque, pero recíprocamente, el bosque también sirve al agua” (Fiquepron, 2010 p.12).

El análisis específico del medio forestal y su funcionamiento nos ha permitido verificar que el ecosistema forestal tiene una influencia importante sobre el suministro de agua potable. Esta influencia se hace evidente en dos sentidos. El principal impacto positivo corresponde al mejoramiento de la calidad de las aguas, mientras que el principal impacto negativo está ligado a la reducción de la disponibilidad de ésta. Ambos impactos son determinados por características propias del medio y su magnitud es dependiente de la interacción de diferentes factores (físicos, biológicos y abióticos) que ocurren en el ecosistema forestal.

2.1.         Cantidad de agua:

El rol de consumidor y de interceptor de las aguas de precipitación del bosque afecta de manera considerable la disponibilidad del recurso. La reducción de la cantidad de agua es afectada por dos mecanismos: la intercepción y el consumo de agua, por una parte y la reducción del escurrimiento, por otra. Las características del bosque que aumentan de manera significativa la intercepción son las siguientes: la especie forestal y la capacidad de saturación del follaje, a través de superficie foliar y la persistencia de las hojas; la edad y la densidad del bosque afectando la evapotranspiración de las copas y el desarrollo de hojas y raíces. La reducción de los escurrimientos y la infiltración de las aguas depende de la interacción del bosque con determinadas características del sol: el aporte de materia orgánica que afecta la capacidad de retención y de absorción de agua, y el desarrollo radicular que aumenta la conductividad hidráulica del suelo aumentando su porosidad. Estos aspectos son también afectados por el tipo de especie y la edad de los árboles.

2.2.         Calidad del agua: Las aguas de los bosques se caracterizan por un bajo contenido de elementos contaminantes, determinado por: la capacidad de absorción de nitratos y de otros elementos; la fijación de substancias en el suelo, determinada por el aporte de materia orgánica; y la capacidad de las copas de fijar y filtrar los depósitos atmosféricos. La acción de la cubierta forestal que determina el impacto de las gotas de lluvia, el tipo y la cantidad de materia orgánica que afecta la capacidad de absorción y el desarrollo radicular que aumenta la porosidad del suelo, permiten reducir la erosión y por lo tanto, la turbiedad de las aguas, aumentando la calidad del recurso. La magnitud de la reducción del contenido de contaminantes y la turbiedad de las aguas, pueden ser afectadas por características como la especie, el desarrollo foliar y radicular. Sin embargo, en ciertos casos el medio forestal puede tener una influencia sobre la acidez de los suelos y entonces del agua. Esto principalmente cuando se trata de bosques adaptados a medios ácidos que han sido perturbados por explotaciones sucesivas que empobrecen los suelos y por lo tanto la capacidad del ecosistema de absorber los elementos contaminantes.

3. Medio forestal, gestión forestal y agua potable

La calidad y la cantidad de las aguas proporcionadas por el bosque dependen fuertemente de las características del bosque. A este nivel, es posible identificar la existencia de características “fijas o exógenas” como el terreno, la pendiente, la topografía, la localización, etc. y de características “variables  o endógenas” como el tipo de bosque, la edad, la densidad o la cobertura sobre el suelo. La interacción de estas características fijas y variables va a determinar el desarrollo de ciertos factores y el funcionamiento específico del ecosistema que impactará sobre la cantidad y la calidad de las aguas. Este impacto es determinado principalmente por el desarrollo a nivel foliar y radicular afectando diversos mecanismos. Así el desarrollo foliar puede afectar la capacidad de saturación del follaje, la evapotranspiración, la fijación de depósitos atmosféricos y el tipo y cantidad de materia orgánica. Por su parte el desarrollo radicular afecta el consumo de agua, la fijación de suelo por las raíces, la porosidad del suelo, su capacidad de absorción y su conductividad hidráulica.

La magnitud de estas interacciones y los resultados de la acción de los mecanismos mencionados pueden ser condicionados por las decisiones de gestión forestal. La especie objetivo, la intensidad y el tipo de práctica silvícola, la mecanización de las explotaciones y/o el establecimiento de caminos forestales pueden afectar de manera significativa finalmente la calidad del agua y la disponibilidad de la misma.

Todas las actividades silvícolas que se pueden considerar para mejorar la calidad del recurso agua, están fundadas sobre el funcionamiento natural del ecosistema forestal. Así para limitar el aporte de contaminantes o la turbiedad, reducir la escorrentía de elementos minerales y mejorar el balance hídrico del suelo y de las aguas subterráneas, es necesario aplicar medidas y decisiones específicas cuya efectividad dependerá de las condiciones locales del territorio (climáticas, edáficas, topográficas, forestales, etc.). Sin embargo, deben estar siempre ligadas a una gestión integrada a la ocupación del territorio. Por lo tanto, una gestión forestal adaptada al mejoramiento de la calidad del agua, vuelve compatible la producción de madera con la producción de agua de calidad. No obstante esto podría engendrar ciertos cambios en las modalidades de intervención y de prácticas silvícolas particulares, afectando tanto los beneficios ligados a la producción de agua, como los costos asociados a las actividades de gestión forestal.

4. Apreciación económica de costos y beneficios de una gestión forestal para el agua

La aplicación de la gestión adaptada al mejoramiento de la calidad del agua potable permite generar principalmente 4 impactos positivos o “beneficios” identificados por la literatura (Marty & Bertrand 2011) corresponden a: A. Limitar los riesgos de aporte de contaminantes, B. Limitar los riesgos de turbiedad de las aguas, C. Favorecer el rol filtro del bosque y D. Mejorar el balance hídrico del suelo y las aguas subterráneas. Por otra parte, esta investigación nos ha permitido identificar 4 impactos negativos o “costos” que pueden ser atribuidos a la aplicación de este tipo de gestión (cambio de prácticas silvícolas o de explotación) que tiene por objetivo mejorar la calidad del agua. Estos impactos corresponden a: 1. La reducción de la calidad de productos leñosos, 2. La reducción de la cantidad de productos leñosos, 3. El aumento de costos directos (instalaciones, tecnología, materiales, etc.), 4. El aumento de los costos de mano de obra o de personal especializado.

La efectividad de las prácticas para la preservación del agua y los costos asociados a su aplicación depender de las condiciones locales (climáticas, edafológicas, topográficas, etc). Por consecuencia, un análisis real de costo-beneficio resulta bastante complejo. Debido a esto se ha intentado jerarquizar los impactos de la aplicación de estas prácticas, tanto sobre el mejoramiento de la calidad del agua (beneficios), como sobre la propia gestión forestal (costos) para conducir una apreciación de un balance económico.

Cabe señalar que este análisis no corresponde estrictamente a un ACB (Análisis Costo-Beneficio), pero nos permitirá establecer una evaluación un poco más precisa del balance económico resultante de la aplicación de estas prácticas. Aunque nuestro análisis no es estrictamente un ACB, podemos identificar sus primeros tres pasos:

a) Definición del proyecto a evaluar y determinación del límite del área de estudio. En nuestro caso, el proyecto a evaluar es la aplicación de prácticas de manejo forestal para la conservación del agua. Nuestro escenario de referencia corresponde a una situación sin prácticas relacionadas con la preservación del agua en un bosque cuyo objetivo de manejo sea la obtención de productos de madera (madera, por ejemplo).

En lo que respecta al área de estudio, el enfoque general de nuestro análisis no permite especificar un territorio en particular, pero podríamos considerarlo a nivel de cuenca, sin especificar características distintivas, para simplemente establecer un territorio evaluación del balance económico.

b) Identificación de los impactos del proyecto en comparación con un escenario básico, sin proyecto.Consideramos que la aplicación de prácticas silvícolas para la preservación del agua tendrá dos tipos de impactos en comparación con nuestro escenario básico. Los impactos (beneficios) “positivos” se reflejarán en una mejora en la calidad y / o disponibilidad del agua potable. Hemos tomado como referencia el trabajo realizado por Marty & Bertrand (2011), donde los beneficios se consideran en línea con los aspectos que hemos notado en las secciones anteriores. Por lo tanto, las prácticas a aplicar tendrían las siguientes consecuencias: limitar el riesgo de aportes de contaminantes (3.1), limitar los riesgos de turbidez (3.2), limitar los niveles de elementos minerales lixiviados y favorecer la función de filtrado de los bosques (3.3) y / o mejorar el balance hídrico del suelo y las aguas subterráneas (3.4)

Por otro lado, los cambios en las prácticas pueden afectar tanto los productos como las operaciones y el manejo silvicultural de muchas maneras. Los impactos “negativos” de la conservación del agua se reflejarán a través de los costos del manejo forestal. Así, los cambios en las prácticas pueden afectar la producción de madera en cuatro niveles (o factores): la reducción de la calidad de los productos de madera, la reducción de la cantidad de productos de madera, el aumento en los costos directos (nueva tecnología, instalaciones materiales, etc.) y / o el aumento en el costo de mano de obra o personal especializado.

c) Estimación de estos impactos mediante una cuantificación sumaria. Esta estimación no corresponde a una cuantificación exacta o cifrada, puesto que la información no está completamente disponible. Corresponde a una suma de impactos sobre la conservación del agua o los costos de manejo forestal.

La magnitud de los impactos se clasificó en 3 categorías (baja, media y alta). En el caso de ciertas prácticas como “cosechar madera”, creemos que no habrá impacto en los costos porque esta práctica no conduce a cambios. Es por eso que lo llamamos insignificante (o No significativo-NS).

Por ejemplo, un cambio de práctica que apunte a reducir  la aplicación de herbicidas durante el manejo forestal generaría una reducción del probable aporte de contaminantes al agua mejorando su calidad (fila 1, columna A en la tabla 2), sin tener un impacto positivo en la cantidad de agua disponible. Por lo tanto, su balance  sería “1 o bajo”. Por otro lado, esta práctica afectará los costos del manejo forestal y puede limitar la productividad del bosque al reducir tanto la calidad como la cantidad de productos, y también puede aumentar los costos de mano de obra (requisitos de eliminación manual) (fila 1, columnas 1, 2 y 4, tabla 2), aunque podemos esperar una disminución en los costos asociados con la compra de productos herbicidas. Por lo tanto, su impacto en los costos de gestión sería “3 o alto”.

El ejercicio realizado,  nos dará una idea de la factibilidad de aplicación de una gestión forestal para el agua. Aunque este ejercicio pueda ser cuestionable, la idea central ha sido visualizar los impactos y comprender la influencia de los cambios en la gestión (prácticas) sobre el valor que puede adquirir el recurso agua. Los resultados de esta apreciación se pueden observar en el Cuadro 5.

5. Conclusiones

Los cambios de prácticas que tienen el mayor impacto sobre la calidad del agua son aquellos que tienen por objetivo favorecer la regeneración natural del bosque y la organización de la maquinaria de explotación. Ellas afectan positivamente los mismos tres factores de la calidad del agua: limitando los riesgos de contaminación, de turbiedad y favoreciendo el rol filtro del bosque. Las prácticas que tienen por objetivo la mitigación de los impactos negativos sobre el suelo o el agua, como la planificación de las operaciones de cosecha o raleo, la reducción y el ordenamiento de las rutas forestales, y el uso de material absorbente, etc. tienen un impacto medio sobre la calidad del agua.

Fuente: Tribunal BioBio, 2010. “Tala rasa de pino radiata en invierno tiene serios impactos sobre ecosistemas hídricos”, Escrito por AIFBN, viernes, 20 de agosto de 2010.

http://www.tribunadelbiobio.cl/portal/index.php?option=com_content&task=view&id=3672&Itemid=82

 

 

 

Fuente: Araucanía Noticias, 2017. “Frente a catástrofe forestal piden regular plantaciones de monocultivo para proteger a población, fuentes de agua y bosque nativo”. 30 de enero de 2017. 

https://www.araucanianoticias.cl/2017/frente-a-catstrofe-forestal-piden-regular-plantaciones-de-monocultivo-para-proteger-a-poblacin-fuentes-de-agua-y-bosque-nativo/0130105553

Las prácticas que tienen un efecto positivo sobre la disponibilidad del agua son las siguientes: favorecer especies latifoliadas por sobre las coníferas; la cosecha de madera y la reducción de la densidad del bosque. Las dos primeras presentan la particularidad que no implican impactos importantes sobre los costos, por lo tanto, se puede pensar que su aplicación dependerá de los objetivos de gestión. La última de ellas implica un impacto sobre los costos de gestión, tanto sobre una potencial reducción de los productos como sobre el rendimiento de las operaciones. Por otra parte, una adecuada selección de la especie forestal (latifoliadas v/s coníferas) y de prácticas que buscan la gestión de una cobertura permanente (evitar las talas rasas, un rápido replante, favorecer la regeneración natural o favorecer los estratos arbustivos) puede tener un impacto tanto sobre la calidad como de la cantidad de agua.

Fuente: Renoval Roble-Raulí-Coigüe, Curacautín. Ramón González C. Flickr

 

En un principio los cambios en las prácticas que parecieran ser los más costosos para la gestión forestal estarían ligados principalmente a las actividades de explotación, como por ejemplo, el uso de cable o caballos para la cosecha o raleo en zonas sensibles, que parecen implicar un sobre-costo importante. El sobre-costo de este cambio está ligado al uso de una tecnología más cara, de personal especializado o al rendimiento de las operaciones. Sin embargo, hemos podido demostrar que la utilización de este sistema de explotación puede reducir las pérdidas ligadas al desgaste del suelo y del propio bosque, entonces su impacto puede ser sobre-evaluado en algunos casos. En nuestro ejercicio de apreciación, este impacto es calificado como medio.

En términos de nuestra apreciación del balance económico, hemos encontrado que los cambios que parecen ser los menos aplicables corresponden a: evitar el aporte de herbicidas, favorecer la lucha biológica contra plagas y enfermedades, evitar el tratamiento químico de troncos durante su secado, y limitar la densidad del bosque, aunque este último dependerá de los objetivos de la producción de madera.

Los cambios que parecen ser los más factibles de implementar corresponden a: favorecer la regeneración natural, favorecer latifoliadas sobre coníferas y organizar la circulación de la maquinaria de explotación.

Algunas prácticas apreciadas con factibilidad media son incitadas a través de una reglamentación de protección local o por medio de mecanismos de certificación de las operaciones o procesos, por lo tanto su impacto sobre los costos puede ser incorporado en el precio de los productos o dentro de la gestión forestal normal de la explotación. Estas actividades serían más fáciles de aplicar, ya que sus costos serán probablemente más bajos que los beneficios asociados.

Fuente: Bosques y agua dulce: Conectando seres humanos y naturaleza. WWF, Ecuador.  Amazonía.

http://www.wwf.org.ec/nuestro_trabajo/bosques_y_agua/

Del análisis realizado y los resultados obtenidos es importante remarcar dos puntos de relevancia. El primero relacionado con el hecho que las variaciones de territorios, de las prácticas silvícolas posibles de aplicar y de los objetivos de producción de los bosques puede afectar los costos de gestión y por consecuencia el valor del servicio de suministro de agua que pueden proporcionar los bosques. El otro aspecto de importancia radica en la alta dificultad para cifrar un análisis en mayor detalle, por lo cual se hace necesario realizar un análisis a un nivel más global considerando casos específicos de estudio.

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