PRESENCIA DEL BOSQUE ESCLERÓFILO EN LA REGIÓN METROPOLITANA - Enero 2016  Asemafor - Soluciones Económicamente sustentables

Soluciones Económicamente sustentables

Informaciones

(02) 2 996 33 77 info@asemafor.cl

PRESENCIA DEL BOSQUE ESCLERÓFILO EN LA REGIÓN METROPOLITANA - Enero 2016

La intervención de los hábitats naturales más un rápido crecimiento poblacional y la insustentable actividad económica, promueven un acelerado crecimiento en la tasa actual de pérdida de especies a niveles alarmantes (Crosby et al, 1994).

En los países sudamericanos se tiende a realizar un cambio de bosque y matorrales por campos agrícolas, praderas y zonas urbanas, correspondiendo esto al principal factor de cambio ambiental, lo cual promueve una disminución  de la  biodiversidad (Sala et al, 2000).

En Chile, específicamente en los valles centrales el bosque esclerófilo ha sido modificado debido a causas del reemplazo de la vegetación nativa por plantaciones de pino (Pinus radiata) y eucalipto (Eucalyptus sp.) principalmente, además por la suplencia de campos para la actividad agrícola. Estos bosques se caracterizan por presentar ecosistemas con un alto grado de endemismo, lo cual se origino a partir de ciertas especies que, siendo de distribución marginal, tanto en los ecosistemas del norte como en los del sur, encontraron condiciones idóneas para su desarrollo en la zona central.

La Región Metropolitana presenta vegetación nativa, con especies adaptadas a condiciones templado cálidas y semidesérticas, como las típicas del bosque esclerófilo, matorral con suculentas y pradera. Este tipo de bosques más los humedales que existen en la región, se presentan como un refugio de gran diversidad de especies para la flora y fauna del sector. Sin embargo, la destrucción del hábitat y la incorporación de especies exóticas han puesto en riesgo la permanencia de fauna y flora del lugar (CONAMA, 2004).
 
Tabla 1. Superficie de las formaciones vegetacionales en la Región Metropolitana de Santiago (RMS).
Formaciones Vegetacionales
Sup. en la RMS (ha)
Matorral Esclerófilo Andino
97,4
Estepa Alto Andina de Santiago
22.566,70
Matorral Espinoso de las Serranías
53.702,80
Matorral Espinoso de la C° de la Costa
73.730,20
Matorral Espinoso del Secano Costero
51.087,50
Bosque Esclerófilo Costero
190.591,90
Bosque Esclerófilo Andino
52.254,80
Bosque Caducifolio de Santiago
60.727,40
Total
504.758,7
* Se excluye la formación Vegetacional Bosque Espinoso Abierto por falta de información precisa disponible para la Región Metropolitana.
Fuente: CONAMA, 2004.
 
A continuación se muestra en la figura 1, las distintas formaciones de bosque esclerófilo

Figura 1. Presencia de bosque esclerófilo en la Región Metropolitana, según las formaciones vegetacional de Gajardo.
 
Región del Matorral y del Bosque Esclerófilo presentes en la Región Metropolitana

Para una escala de trabajo de 1:250.000, en la región metropolitana es posible realizar una distinción entre variadas regiones vegetacionales, las cuales corresponderían a una expresión de diferentes ecosistemas (Gajardo, 1994).

Una Región Vegetacional es definida por los límites ambientales y biológicos establecidos por una expresión dada de un conjunto de características ambientales tales como la geología, geomorfología, clima y suelo, esto determina un modo de vida característico de los organismos presentes, que está en función de las posibilidades productivas del medio y que es resultado de procesos evolutivos.

En base a esto Gajardo (1994), define la región del matorral y del bosque esclerófilo como paisajes complejos por la intensa alteración de las comunidades vegetacionales, tanto que son excepcionales las muestras de la vegetación original. Las formas de vida son variadas, en donde predominan los arbustos y árboles de hojas esclerófilas, pero también se encuentran arbustos bajos xerofitos y suculentas, arbustos y árboles espinosos, y árboles y laurifolios con gran desarrollo en altura. Dentro de esta región se pueden distinguir tres sub-regiones:
 
A. Sub-Región del Matorral Estepario
 
Este se desarrolla en terrenos con precipitaciones bajas e irregulares, con una intensa explotación, pastoreo y extracción de leña, lo cual conlleva a una vegetación dominada por comunidades de arbustos bajos muy esparcidos, con una densa estrata de hierbas anuales. Las formas de vida dominantes son solo arbustos bajos de hojas duras, a menudo espinosas, en épocas de climas favorables hay un gran desarrollo de una estrata herbácea primaveral, con lo cual fisionómicamente se aproxima al desierto florido, pero normalmente hay extensas áreas de suelo descubierto.

En lugares favorables de laderas bajas o en el lecho de las quebradas, es posible encontrar una comunidad sub-arbórea de Litre (Lithraea caustica) y Guayacán (Porlieria chilensis). En pequeñas cuencas protegidas y en ladera de exposición sur, se desarrollan comunidades boscosas, donde es posible encontrar Molle (Schinus latifolius) y Lilén (Azara celastrina), también Boldo (Peumus boldus), Mitique (Podanthus mitique), la cual es una comunidad arborescente, muy repartida en este ambiente.

La vegetación que se ubica en los llanos y serranías del interior, no recibe influencia directa del océano, así las características xéricas de los ambientes son más acentuados, por lo que encontramos Maravilla del Campo (Flourensia thurifera) y el Monte Negro (Heliotropium stenophyllum), se manifiestan como una comunidad muy repartida y frecuente, ubicándose de preferencia en las laderas rocosas de los cerros.
 
En los causes pedregosos de los ríos y quebradas, se observan junto a los cultivos reducidas poblaciones de Algarrobo (Prosopis chilensis) y Espino (Acacia caven).
 
 
 
B. Sub-Región del Matorral y del Bosque Espinoso

Esta corresponde a una vegetación heterogénea y modificada por la acción antrópica, en donde se distinguen las formas de vida dominadas por arbustos fuertemente espinosos, a menudo del tipo suculento o caducifolio de verano.

En la zona norte de la región, la vegetación corresponde a una disminución de la que existía originalmente, en donde se pueden encontrar especies como Algarrobo y Huingán (Schinus polygamus), o Algarrobo y Espino, que se ubican en sectores de escasa pendiente de los grandes valles y quebradas. En laderas bajas y pedregosas, se distinguen agrupaciones de Espino – Huañil (Proustia cuneifolia), o de Espino – Maravilla del Campo.

En lugares favorables se desarrolla una comunidad de Quillay (Quillaja saponaria) – Guayacán, en situaciones degradadas de este bosque se encuentran agrupaciones de Colliguay (Colliguaya odorífera) – Palhuén (Adesmia microphylla) en laderas bajas, y Colliguay – Huañil (Proustia cinerea) en sectores altos. Sobre afloramientos rocosos es posible encontrar Chagual (Puya berteroaniana) – Palhuén.

En una topografía de cerros la comunidad dominante en el paisaje vegetal es Trevo (Trevoa trinervis) – Colliguay, que muestra el aspecto de un matorral denso. Una agrupación con fisionomía de matorral alto, frecuente en sectores costeros es la de Boldo – Trevo. Otra comunidad sub-arbórea frecuente es Espino – Litre, la cual se ubica preferentemente al pie de montes pedregosos. En sectores de laderas sombrías y quebradas se puede encontrar Litre – Boldo, comunidad que puede constituir bosques.

En sectores planos y con pendientes suaves y relieves de lomajes, se presentan Espino y Maitén (Maytenus boaria), constituyendo agrupaciones heterogéneas en estructura, pero que caracterizan al paisaje vegetal de gran parte de la zona central del país.
 
 
 
C. Sub-Región del Bosque Esclerófilo
 
Se extiende por las laderas de ambas cordilleras, con una composición florística compuesta principalmente por bosque esclerófilo, el cual se encuentra muy intervenido, presentando diferentes estados regenerativos. En algunos sectores se encuentran relictos de un antiguo bosque laurifolio hoy día desaparecido.
 
Una agrupación característica, con componentes esclerófilos y laurifolios es Belloto del Norte (Beilschmiedia miersii) – Patagua (Crinodendron patagua), se encuentran junto al cauce de quebradas y en laderas muy húmedas.
 
En laderas de los cerros y sectores alterados, se pueden encontrar Trevo – Colliguay, y los de Chagual  – Quisco (Trichocereus chilensis), que se presenta sobre afloramiento rocoso.
 
En las laderas bajas y medias de la cordillera de los andes, el paisaje se convierte en un mosaico de bosque y matorrales esclerófilos, que a menudo se encuentran muy intervenidos. Las comunidades más representativas son Quillay – Litre, en las laderas intermedias, y Quillay – Colliguay, en las laderas altas y rocosas. La agrupación boscosa de mayor desarrollo en este ambiente es la de Peumo – Quillay, donde ocupa valles y laderas de exposición sur. En zonas de quebradas y esteros, se encuentran Lingue (Persea lingue) y Chequén (Myrceugenella chequen).
 
En mayor distribución se encuentran comunidades de Litre – Peumo, Litre – Corcolén (Azara integrifolia), y Quillay – Piche (Fabiana imbricata).
 
 
 
Figura N°2. Región del matorral y Bosque Esclerófilo en la zona central de chile.
 
 
Beneficios asociados al Bosque Esclerófilo
 
Los bosques brindan servicios de alto valor, como son, entregar protección de cuencas, regulación del ciclo hidrológico, control de erosión, fijación de carbono y producción de oxigeno, además de entregar una gran belleza escénica, variedad de medicinas naturales, espacios de recreación y ecoturismo, provisión de hábitat y reciclaje de nutrientes, aspectos que son muy valorados por la población colindantes a ellos (Fernández, 2007).
 
El bosque esclerófilo presenta, además de los servicios indicados anteriormente, una gama de productos forestales no madereros (PFNMs) destacando la saponina extraída de la corteza del Quillay, con la cual se realizan espumantes y emulsificantes utilizados en bebidas y cervezas, cosméticos, minería y agricultura. Otros ejemplos son el Boldo, de donde se extrae la boldina, utilizada para problemas en el hígado y sistema digestivo y el Espino, utilizado para producción de carbón.
 
 
 
 
BIBLIOGRAFÍA
 

·       CONAF, 2013. CONAF, por un Chile forestal sustentable.

·       CONAMA, 2004. Estrategia para la conservación de la biodiversidad en la Región Metropolitana de Santiago.

·       Crosby, MJ., A. Stattersfield,  N. Collar and C. Bibby. (1994). Predicting avian extinction rates.

·       Gajardo, R. (1994). La vegetación natural de Chile. Clasificación y distribución geográfica. Editorial Universitaria, Santiago.

·       Fernández, I., et al. (2007). Amenaza inminente al Bosque Esclerófilo de Santiago por proyecto de urbanización. Caracterización y evaluación del componente biótico del sector de Lo Curro.

·       JACKSON, R. B., et al. Global biodiversity scenarios for the year 2100. Science 287: 17701774Samways MJ, Caldwell PM, Osborn R (1996) Ground-living invertebrate assemblages in native, planted and invasive vegetation in South Africa. Agric Ecosyst Environ, 2000, vol. 59, no 12, p. 1932Schueler.

·       Quintanilla, V., 1983. Biogeografía. En: Colección Geográfica de Chile. Tomo III. Instituto Geográfico Militar.

 

 


© ASEMAFOR 2012. Todos los derechos reservados. | Av. Consistorial 2660 – Peñalolen | Teléfono: 02 - 2 996 3377

ConsultoriaWeb Desarrollo Posicionamiento Web